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El taller es un espacio luminoso y sobrio como sus cuadros, con esa atmósfera de limbo que tienen sus obras. Su gatito Lichi y Egon el perro, son blancos y completan el ambiente.

LA VOZ DE GOYA
Cuando vi las Pinturas Negras de Goya me sorprendieron muchísimo, llegué al Prado y vi eso hasta abajo, porque hay una sala propia para las pinturas, para mí fue una epifanía ver toda esa belleza y dije “esto es lo mío, esto es lo que quiero hacer toda la vida”. Goya fue mucha influencia porque la primera serie con la que empecé a trabajar fue una que se llamó “Ascetas”, que eran monjes zen con fondos negros muy al estilo de las Pinturas Negras, pero con una paleta mucho más fría. Lo que intentaba trabajar con esa serie de obras era esa cercanía con la muerte que tienen los monjes al momento de meditar, la están tocando con tal de llegar a la felicidad y al Nirvana. Esos momentos en la meditación en la que se privan de todo y son ascetas.

EL UNIVERSO ÍNTIMO
Una guía que ha seguido mi trabajo es enclaustrar, meter a los personajes en lugares donde están estériles, donde no hay nada y que es lo mismo que tenemos día a día. Trabajar como pintor es una tarea muy solitaria, es estar metido en el taller, trabajando a solas contigo mismo. Eso es algo muy fuerte porque estás todo el tiempo con tus pensamientos, estás pensando una cosa, otra, mientras estás pintando y es algo que al principio es duro, pero ya cuando aprendes a llevarlo es interesante, porque empiezas a pensar en muchas cosas mientras estás trabajando, estás meditando en la obra y en lo que vas hacer.

DE LA OSCURIDAD A LA LUZ
Al principio empecé pensando que la oscuridad era lo que me llevaría a la introspección, y no sé, trabajando las obras poco a poco, tal vez inconscientemente, las he hecho más luminosas. Es una cuestión más técnica, trato de hacer los cuadros muy limpios, muy claros, muy pulcros, y sólo dar algunos detalles de color donde quiero que el espectador fije su mirada y a partir de todo eso crear una historia. Estoy tratando de que el testigo de la obra pueda crear, que los cuadros sean un umbral de las historias que él pueda crear.

TIEMPO PARA PINTAR
Las últimas generaciones quieren todo muy rápido, el mismo sistema nos ha estado enseñando que todo debe ser inmediato, como la información, exprés. La pintura, y el arte en general, es un proceso, y llegas a un punto después de haber trabajado mucho. El maestro Alfredo Nieto, que me enseñó las técnicas de materiales, nos decía que él no podía enseñar todo, nos enseñaba las técnicas, pero cómo pintar un cuadro es de cada quién. Después de estar trabajando duro, duro, duro, y todo el tiempo estar pintando mucho, encuentras tu propio lenguaje, y la forma de transmitir lo que sientes.

EL NOCTURNO Y LA LUZ
Me base más en esa dualidad que tiene el poema. Cuando lo leí me transmitió esa dualidad que tiene de ansiedad y calma al mismo tiempo. Lo que quise hacer es una especie de dejá vu, que ves algo, y al mismo tiempo es muy extraño pero familiar, es difícil de explicar… Entonces quise expresar esa misma sensación que te crea eso. Es como los sueños. El poema habla del sueño que llega casi rozando la muerte, y que cuando te duermes es lo más cercano a morir, porque estás en la nada. Trato de transmitir al testigo de la obra que a partir de sitios interiores y de objetos usados, pueda ver, pueda crear historias con lo que ve, pongo ciertos detalles, chispazos o cosas dentro de la obra, testimonios y que la persona que lo esté viendo pueda sentir esa sensación. Me baso mucho en las sensaciones, más que transmitir ideas concretas, busco que la pintura le genere al espectador esas sensaciones inexplicables, sin palabras, que sea muy espiritual, que excave en las profundidades de la persona y le traiga memorias de lo que ha vivido.






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