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Encuentra en la natación las imágenes que necesita recrear y reinventar en el dibujo, su cuerpo flota en el agua, en la tela y el papel, le basta un lápiz para fundar una obra.

DIBUJO EN GRAN FORMATO
El tema de los formatos es una suerte de magia en el sentido que cuando concibo la imagen ya viene con un formato. De eso me di cuenta cuando empezaba a dibujar en formato pequeño y después ese mismo dibujo lo reproducía en gran formato y no me funcionaba. A pesar de ser la misma imagen dice un planeta diferente en pequeño que en grande. Es algo completamente abismal. Cada imagen tiene su tamaño. En cuanto tengo la imagen, desde una fotografía o un boceto directo, ya está enunciada una dimensión final.

SACAR AL DIBUJO DEL GRAFITO
Lo que sucede es que no veo algunos colores y eso es lo que determina que yo trabaje generalmente en grises o en negros. Colorista no soy, cuando trabajo con colores uso uno o dos y continúo haciendo una misma temperatura cromática. Lo que estoy haciendo en este momento es trabajar con lápices, además con un lápiz común y corriente que es con el que todos escribimos en la escuela, el lápiz naranja. En términos poéticos necesito esa temperatura gris, aunque las albercas normalmente son azules y hay toda una realidad cromática mientras ejerces el nado. Cuando traduzco el nado en imagen para mi es necesario y suficiente la escala de grises. En este formato utilicé cuatro lápices y en esos cuatro lápices está contenida la imagen, un poco como lo que decía Miguel Ángel de la piedra, él veía los bloques de mármol de Carrara y decía: ahí está Moisés, hay que sacarlo. En esos cuatro lápices estaba el nadador y la alberca, nada más había que sacarlos.

DIBUJAR EL AGUA
El nadador está debajo del agua, entonces el agua ahí gobierna la forma. Una alberca quieta es un espejo y la realidad que se refleja es la misma que está afuera de ese espejo. Pero en cuanto el agua empieza a moverse con el vaivén de quien transita, en esa agua toda la realidad se sigue reflejando pero empieza a variar, empieza a hacerse elástica y a eso ha llegado la física cuántica. La realidad no es algo estático, es elástica y se hace evidente cuando el agua se está moviendo y la realidad se refleja moviéndose en esa agua.

DIBUJAR, NADAR Y SER NADA
El tipo de nado que estoy explorando en este momento no tiene que ver con lo competitivo, la resistencia o la velocidad. Estoy en un nado que entra en un ritmo tal que se pueda prolongar lo más posible y poder tener esa sensación de dejar de ser yo y ser como un flujo nada más, un vaivén. En algún lugar escuche que nadar era una transformación nahuálica, es convertirse en serpiente, en pájaro, es ser sólo vaivén. Estar sin necesidad de ser. Eso le pasa al dibujo, empieza a ser él en el momento en que se da el primer contacto de la punta del grafito sobre la tela. Ahí ya está siendo él, no sólo cuando ya está terminado y va a ser visto, sino en el momento en que está siendo realizado ya es él.

FLUIR EN EL ARROYO Y EN EL DIBUJO
Algo que me fascinó en el poema El Arroyo de Salvador Díaz Mirón es que en todo momento estoy persiguiendo un anhelo, pero no un anhelo de ser sino el anhelo contrario, el de no ser, que tiene que ver con el taoísmo. Ese dejar de ser para sencillamente estar. Cuando leí a Salvador Díaz Mirón me pareció que era lo mismo, un anhelo por no ser y este anhelo doloroso por ser y no dejar de ser me pareció fascinante. En ese momento tuve muy claro, instantáneamente, qué imagen es la que quería dibujar. Era un personaje en tránsito en el agua, debajo de ella y completamente modificado, o sea, un arroyo, hacerse arroyo. Creo que la vida es un estado de tránsito, sin propiamente un final, simplemente es un transcurso. El nadador, aún cuando está en el centro y pareciera protagónico, realmente está fundido, es una selva de agua. Es la aspiración de Díaz Mirón ser el arroyo mismo, porque además sabe que eso no se puede hacer. Eso es el gran misterio y encanto del arte, que sabemos que no vamos a lograr permanentemente poder dejar de ser, sin embargo, ese anhelo es el arte.






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