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Convive en una comuna artística, que es taller, habitación y sala de exposición dentro de una casona decimonónica del centro de la ciudad de Durango.

PLANEAR EL CUADRO
La composición, dentro de mi obra, desde hace ya mucho tiempo atrás la dejé lado, habrá a quien le interese, a mí no. La composición en lo particular a mi no me interesa mucho, porque llega sola, de manera natural, a través de un trazo, de una pincelada, de un elemento. Mi obra pareciera que es accidentada pero no lo es, cada elemento esta en un lugar, estratégicamente colocado, busco la forma de que los elementos no choquen entre sí y puedan convivir en un escenario donde mientras uno le declara la guerra al amor, el otro lo seduce, eso me encanta en mi obra.

INICIAR EL CUADRO
Por la mancha, sobre la idea. Antes de comenzar hago bastantes bocetos, pero la mancha me va diciendo muchísimas cosas, hay elementos claves dentro de la mancha. Es importante el método de respiración en mi proceso, poder mantener la respiración lenta, en calma para ir llevando una cadencia entre elementos, entre pinceladas, y en dónde tienen que ir. De pronto esos elementos pueden desaparecer, pero lo que queda es lo que vuelvo a pulir. Lo importante en la pieza es una lucha constante, es una lucha entre símbolos, entre momentos y circunstancias con una composición que me niego a poner.

BORRAR EL CUADRO
He llegado a borrar por completo cuadros que ya casi están. El proceso creativo que llevo me es tan noble que me permite rescatar de los escombros, de donde caigan, rescatar un pie, una mano, un ojo, una silueta, y de ahí vuelvo a trabajar, es un orden desordenado, valga la incongruencia. Siempre inicia como un caos aunque sea una mancha, pero puede ser una mancha azul o roja que va a terminar en amarilla o va a terminar en blanco absoluto, en blanco puro. El uso de los materiales ayuda mucho, el hecho de utilizar corrosivos, o un cúter para rayar la hoja, para castigarla, para someterla a un proceso de degradación consciente, eso le da un cierto carácter a la obra.

MIRAR EL CUADRO
Hay momentos donde dejo los cuadros, incluso semanas, porque pienso que los cuadros se pintan solos, es decir, hay que dejarlos que estén ahí y que de pronto la vista de la gente los moldee porque te ayuda darte cuenta que un criterio ajeno puede darte la razón. Hay opiniones externas que te ayudan a decidir de una mejor manera. De alguna forma no están viendo lo que tú estás viendo, donde yo veo una tormenta, a lo mejor la gente puede ver un dulce amanecer, pero no es así, someto el cuadro al caos y a muchos juicios de balance personal, muy críticos, muy rigurosos, es muy difícil convencerme cuando una pieza está terminada.

EL VAPOR INASIBLE Y LA OBRA INESTABLE
Leí a Amado Nervo, lo releí, volví a releer y fue una lucha constante porque es muy complicado leer algo y a partir de ahí tratar de estructurar la pintura. Fue al revés, la mancha, otra mancha, y luego la figura humana y luego deshice por completo todo, tratando de crear ese tema del Vapor, que es algo que se puede ver y no se puede tocar, a partir de ahí es una ilusión. Y sí logré una especie de vapor, pero no era vapor, era un desastre lo que había en mi obra, pero en ese desastre de nuevo contengo las cosas que me están llamando mucho la atención, vuelvo a destruir y vuelvo a elementos como el pie que está pisando el color azul, que pudiera ser el agua o el hilo que conduce al cielo. Concluyo con que el vaso de agua sigue estando ahí, nunca se terminó y el vapor sigue saliendo, que es el elemento con lo que hago la pieza y que nunca desapareció: el vaso con el vapor que dice té de amor. Hay un trabajo enorme en el rostro y muy detallado en algunas áreas de la obra de tal manera que puedan ser sometidas a un castigo que me permita decirlo de otra manera, no como una foto. La modelo también me permitía este tipo de dibujos agresivos, pareciera que alguien llegó y la tachoneó. La mirada de ella dice “pues ven y táchame” es parte de la provocación que hay dentro de la pieza.






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